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¿Por qué sonreímos los ecuatorianos?

Guayaquil (Guayas).- Hoy, las cosas empiezan a estar en orden. Y eso alegra a los ecuatorianos. Miles de ellos se reunieron en Quito y Guayaquil para cantar su dicha a ritmo de pasillos, pasacalles, albazos, baladas y poemas conjugados con melodías.

La alegría de los ecuatorianos desborda las fronteras. La Nueva Fundación Económica coloca al Ecuador entre las naciones más felices del mundo. Esta es una organización internacional que se ha propuesto medir el bienestar de las personas, lejos de los clásicos balances macroeconómicos.

Desde el 2006, esta Fundación quiere conocer cuán felices son los hombres y mujeres en la tierra, con su estudio llamado del Planeta Feliz (Happy Planet Index). Para eso se ha fijado parámetros de comprobación en dos áreas: el bienestar y la armonía con la naturaleza.
En el último reporte, del año pasado, los ecuatorianos llegamos al puesto 23.

¡Qué orgullo que nos vean contentos!, sobretodo porque hace 10 años no vivíamos así. Millones de ecuatorianos desgarraban su corazón y aplacaban con lágrimas su profundo dolor cuando debían decir adiós o ver partir un ser amado. Entonces, en Ecuador el orden social y natural se fracturó.

Vivir en ese caos, no lo decidió la mayoría, fueron unas pocas manos que se levantaron para ordenar que se proteja al más rico, también resolvieron que el pobre se las ingenie para sobrevivir. Millones de padres y madres dejaron a sus hijos, millones de esposos resignaron sus hogares, millones de ecuatorianos se fueron. Millones de veces se dijo adiós.

Hoy el país ha cambiado. El orden ha vuelto. Ahora, Gerardo Quimi le puede decir a su hija, al oído, que esa canción del argentino Alberto Cortez, que habla de un tal Pablo nacido en Chile, es en honor al Pablo Neruda, quien alguna vez escribió los versos más tristes en una noche y que sus poemas se conocieron hasta el infinito.

El orden regresa y con él, los niños pueden aprender y jugar. Aquellos pequeños que veían pasar los días trabajando en el basural de una gran ciudad, ahora van a escuela y se divierten. Algunos formaron la coro y con sus voces pregonan cómo será la Patria en el futuro. Para quienes les gusten las cifras. Hoy, el 95 por ciento de niños asisten a las escuelas y los jóvenes pueden soñar en estudiar en las mejores universidades del mundo y el Estado pagará para su formación.

Los enfermos reciben atención médica y remedios. Hay justicia y las posibilidades, para los que menos tienen, se han incrementado. Ecuador, es el primer país en reducir las desigualdades en la región. Más de un millón de ecuatorianos dejaron de ser pobres. Hoy tenemos la tasa de desempleo más baja de la historia y la más baja de la región con un cuatro por ciento.

Las cosas empiezan a estar en orden. El pueblo canta feliz y siguen con alegría las melodías de Carla Kanora y Beatriz Gil, orgullosas embajadoras de nuestra cultura. Hoy, decimos al mundo que vivimos en el mar, en la Sierra y en la selva. El Ecuador es un país diverso, el único en el mundo donde se puede desayunar mariscos o pescados recién atrapados en el profundo mar. Si desea puede almorzar en las nieves del Cayambe e irse a dormir escuchando los zumbidos de la tupida Amazonía. Y por si fuera poco, al día siguiente puede tomar un avión y en menos de tres horas estar en el archipiélago encantado de las Islas Galápagos, Patrimonio de la Humanidad.

Ahora, el ecuatoriano sabe que es único, nacido de la fusión de pueblos ancestrales, saben que el pueblo ordena, que son escuchados por quienes eligieron para gobernarlos.

Hoy millones cantan de alegría y saben que aún pueden soñar en una Patria mejor, como dice Alberto Cortez: crear castillos en el aire, para un día alcanzarlos. Ahora, hay esperanza. Un adagio milenario dice que el verde es el color de la esperanza. Hoy, el verde es el color del PAIS. CIT / El Ciudadano