Saltar al contenido principal

15 000 empleos generó la rehabilitación del tren de Eloy Alfaro

Latacunga (Cotopaxi).- Segundo Iza se levanta todos los días con el alba para ir a su trabajo en la Empresa de Ferrocarriles del Ecuador. Tiene 43 años, vive en Latacunga y es encargado de recorrer el trayecto cercano a la capital de Cotopaxi para verificar que no exista ningún problema.

A las 06:30, llega a la Estación Latacunga. Unos minutos se dedica a conversa con sus compañeros y se prepara para la jornada. Hace un año y siete meses que empezó con este desafío, antes era albañil, pero le sedujo la idea de trabajar en el ferrocarril, esa poderosa máquina de metal que sus mayores le contaba que recorría la cordillera y que él no lo recordaba muy bien.

La Empresa de Ferrocarriles, desde 2008, ha dado empleos directos e indirectos a 15 000 personas.  Jorge Carrera, gerente de la empresa pública, sostiene que ese número de trabajadores participaron en la rehabilitación del trayecto Quito-Durán, en la reconstrucción de las estaciones ubicadas en varias provincias del país y en el recuperación de las locomotoras y otras unidades que pertenecen a la empresa.

Además, otro grupo se favorece indirectamente en los proyectos que ejecuta la Empresa de Ferrocarriles junto con la comunidad por donde atraviesa el tren.

Latacunga es otro ejemplo de esa mancuerna positiva. Al costado de la Estación se levantan stands de artesanías, donde se venden prendas de lana, adornos de barro, esculturas de madera y otros recuerdos que pueden agradar a los turistas.

Otros miles de trabajadores como  Segundo Iza  permanecen con la Empresa para dar tener expedita la línea férrea y a las máquinas. Para cumplir con su labor, Segundo Iza siempre lleva puesto un casco amarillo, su chaleco azul.  En este año y siete meses se han convertido en un experto en manejar el barretón, la pala y el pico, sus herramientas para cumplir con sus obligaciones.

Él y sus otros compañeros salen a recorrer a pie el camino por donde circula el tren.
La cuadrilla tiene que estar pendiente que el “material” (piedras, más grandes que el ripio) no se haya salido del camino; que las rieles se encuentre en perfecto estado o  que los durmientes (maderos que soportan el metal de las rieles) no hayan sido destruidos o estén fuera de su lugar.

Antes, el trabajo de los trabajadores del Ferrocarril era más complicado. Tenían hasta que convertirse en vigilantes de los bienes de todos los ecuatorianos.  Segundo Iza fue testigo de que las rieles y los durmientes desaparecían súbitamente.  ¿Cómo pueden llevarse un metal  tan pesado? Segundo  tampoco lo creía posible contesta que él también
se sorprendió cuando se percató como antes se robaban el metal.  Ahora ese tipo de urgencia ha sido controlada por las acciones que cumplen los grupos de trabajadores que cada día recorren varios kilómetros y así convertirse en los guardianes del tren de Eloy Alfaro.

“Es un trabajo duro” confiesa Segundo Iza; pero se siente contento. Las palabras hay que sacarle que un tirabuzón, pero una sonrisa la nace espontáneamente. Él es un orgulloso trabajador de los Ferrocarriles del Ecuador. CIT /El Ciudadano